11. El deporte actual: “¿Que es lo importante, ganar o participar?”

Estoy viendo los juegos olímpicos en TV, y disfrutando la actuación de unos atletas extraordinarios, algunos de los cuales exhiben no solo la dedicación y el esfuerzo de muchas horas de entrenamiento durante sus cortas vidas, que les ha permitido llegar a Paris, sino también un compañerismo y una caballerosidad fuera de lo común.  Los abrazos genuinos, así como el entusiasmo y la alegría que demuestran por la victoria de un compañero expresan lo que sienten. Lamentablemente, ya he oído varias veces a un comentarista decir: “aquí se viene a ganar,” y eso me ha motivado a escribir estas líneas.

Cada vez que oigo que lo único importante es ganar me pregunto ¿qué sabe esta persona de lo que es el deporte? Sin importar la especialidad, todos los participantes saben que va a haber un solo ganador, y cualquiera de ellos, digamos por ejemplo los corredores, saben el mejor tiempo que los contrarios han registrado, por lo que tienen muy claro lo difícil que va a ser igualarlos y menos aún superarlos. Entonces, ¿qué hacen allí? ¿Es que no piensan?

Aclaro que sí, yo hice deporte cuando era joven. En el colegio donde estudié, formé parte de varios equipos deportivos, y al menos en uno de ellos, balonmano, fuimos campeones de la provincia y participamos en campeonatos regionales. También individualmente participé en los campeonatos infantil y juvenil de ajedrez de la ciudad, ganando en varias ocasiones. Si menciono esto es porque aprendimos a ganar y a perder, jugando limpio, felicitando al contrario siempre, y analizando nuestros errores después del juego para tratar de corregirlos en el futuro; y nunca, ningún entrenador nos dijo que empujáramos o golpeáramos a los contrarios durante el juego. Si bien queríamos ganar, ese comportamiento no era aceptable. Lo que cuento ocurrió hace 60 años, y aún comparto a menudo con algunos de mis compañeros que viven en otros países.

Dejé de ver futbol americano en televisión, cuando en repetidas ocasiones oí a los comentaristas -exjugadores distinguidos de ese deporte- hacer observaciones sobre golpes deliberados de un jugador a otro del equipo contrario, que estaba jugando muy bien, a fin de frenarlo o incluso sacarlo del juego. Nunca me pareció oír una crítica fuerte a esa forma de actuar, era como si eso fuera parte del juego.  Invariablemente, me preguntaba cuántas decenas de miles de jóvenes estarían viendo el juego, y que les estaba enseñando ver los jugadores profesionales actuar de esa manera confirmada por los expertos.

Vivimos en una época donde no es extraño ver a algunos padres de los jugadores de un equipo escolar, gritar obscenidades al árbitro, o incluso entrar amenazadoramente en el terreno de juego, y hasta, en ocasiones, enfrascarse con los padres del equipo contrario. De igual forma, si vamos a un estadio a ver un partido de dos equipos profesionales, algunos de los comentarios que se oyen en las gradas, son de personas que parecen creer firmemente que lo importante es ganar no importa cómo.

La frase: “Lo importante del deporte no es ganar sino participar,” se atribuye al barón Pierre de Coubertin, restaurador de los juegos olímpicos en la época moderna. Juzgando por lo que veo y oigo en TV y a algún comentarista de los olímpicos, cada vez parece ser más difícil entender realmente lo que esta frase nos dice, y que ciertamente no es un consuelo para el perdedor. Hace poco vi una escena, en una carrera, de dos corredores uno que había caído, y el otro que tropezó con él cayendo también. Mas que enojarse los dos corredores se ayudaron a levantarse y terminan juntos la carrera. También recientemente volví a leer, esta vez en Facebook, lo que sigue sobre la acción de un corredor, que quizás ayude a entender que lo importante no siempre es ganar.

En el 2012, en una carrera en España, el deportista Abel Mutai representante de Kenia, estaba a solo a unos metros de la línea de meta, pero se confundió con la señalización y se detuvo pensando que ya había completado la carrera.

El deportista español, Iván Fernández, estaba justo detrás de él y al darse cuenta de lo que estaba sucediendo, comenzó a gritar al keniano para que continuará corriendo; pero Mutai no sabía español y no entendió. Entonces el español lo empujó hacia la victoria.

Un periodista le preguntó a Iván: «¿Por qué hiciste eso?» Iván respondió…

«Mi sueño es que algún día podamos tener una especie de vida comunitaria».

– El periodista insistió ¿Pero, Por qué dejaste ganar al de Kenia?

Iván le contestó – “No lo dejé ganar, él iba a ganar».

– El periodista insistió “¡Pero podrías haber ganado!»

– Iván lo miró y le respondió, pero ¿cuál sería el mérito de mi victoria? ¿Cuál sería el honor de esa medalla? ¿Qué pensaría mi madre de eso?»

En adición al honor que supone el representar a nuestro país, lo que Coubertin nos dice implícitamente también es que, cualquier deportista, gimnasta, nadador o atleta que pasa miles de horas de su vida practicando diligentemente, esforzándose para superarse cada día, venciendo poco a poco sus debilidades y mejorando su técnica, si bien cuando participa en una competencia va a tratar de ganar, cuando llega a la misma, al margen del resultado, ¡ya es un ganador!

Francamente, no importa lo que algunos comentaristas nos digan, independientemente del dinero, la visibilidad o las medallas que puedan conseguir, los valores que cualquiera de los participantes de las olimpiadas debe de haber adquirido en virtud de su entrenamiento -dedicación, concentración, esfuerzo, autoconfianza, consistencia, superación…- son transferibles a cualquier otra actividad en la que decidan envolverse. No es difícil entender que un buen músico, investigador, artista… debe compartir las características mencionadas.

Un último comentario sobre no quedar en primer lugar. Creo firmemente que, si los no ganadores hicieron todo el esfuerzo posible en la competencia, esto es, si dieron el máximo de sí mismos, se sentirán satisfechos y aceptarán el no haber llegado primero.

Por Antonio R Quesada

A esta altura de mi vida reconozco que lo que creo saber es ínfimo comparado con lo que desconozco. Usando mis experiencias, trato de profundizar en algunas ideas espirituales básicas que comparto con toda humildad a fin de animar a otros a que hagan lo mismo. Agradezco de antemano cualquier sugerencia o corrección que reciba. ________________________________________________________________________________ At this time of my life, I acknowledge that what I think I know, is minimal compared to what I don’t know. Using my experiences, I try to deepen on some basic spiritual ideas that I share with all humility, with the purpose of encouraging others to do the same. I thank you in advance for any suggestions or corrections that I receive. ________________________________________________________________________________ Dr. Antonio R. Quesada, Professor Emeritus of Mathematics at The University of Akron. Ohio Teaching Fellow. Director of Project AMP. T^3 International Emeritus Professor.

6 comentarios

  1. Magnífica reflexión. Como tuve el honor de compartir contigo equipo de balonmano, tanto en el colegio como en la facultad de ciencias, tu comentario no hace más que refrendar el concepto de gran deportista y mejor persona que siempre he tenido de tí. Siempre odié y mantengo, las malas artes de las fuí objeto, al ser persona que nunca las utilicé. Un fuerte abrazo y gracias, una vez más, por tu comentario.

    1. Gracias Pepe. Fue un privilegio ser parte de un equipo donde la camaradería reinó y en el que el mejor jugador-Pepe Pozo d.e.p.-era el más humilde. Doy GaD por seguir compartiendo con vosotros. Un fuerte abrazo

      1. Muy bien. Lo que que a primera vista parece un lugar común, no lo es tanto. Hay razones concretas y serias que superan el mero sentimentalismo, para justificar la competencia. Buen análisis: ¿Competir con quién? nunca contra quién. Un abrazo

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