Hace poco, hablando con unos buenos amigos, surgió el tema de los padres. Fue interesante observar que, si bien todos mencionamos cualidades muy distintas de ellos, lo hicimos con respeto y admiración. A través de los años, he comentado en ocasiones a mis amigos que, Sergio, mi hermano mayor, y yo no habríamos podido estudiar sin el extraordinario sacrificio económico de nuestros padres. Después he seguido pensando mucho sobre mi padre, y con la perspectiva de los años, he visto con claridad que su legado fue mucho mayor.
Nació en San Pedro de Alcántara, un pueblecito de la costa malagueña. Fue el menor de 12 hermanos de una familia de escasos recursos por lo que, al quedar huérfano con sólo 8 años, lo mandaron a vivir con una hermana casada en Melilla. Allí, a esa temprana edad, empezó a trabajar como “botones” o recadero de un banco. En la adolescencia, cogió unos cursos que le permitieron ser ascendido a oficial del banco. Esos fueron todos sus estudios, por esa razón y por el inmenso amor que siempre nos profesó, se prometió que nosotros estudiaríamos. En aquellos años en España, al final de cada año de estudio, había que ir a examinarse libre en la capital de provincia si no se vivía en la misma, esto suponía que, en un examen de una hora en cada asignatura, se determinaba la nota de todo el año. Solo el 21.5% de los alumnos que estudiaban bachillerato lo hacían en centros públicos, el resto iba a colegios católicos o por libre. No es de extrañar que, solo un 3% de los estudiantes que iniciaron la enseñanza primaria en 1951 culminaron estudios universitarios en 1967 [i]. Esto explica que nuestros padres, sin medios económicos, nos mandaran a estudiar internos a un colegio católico en Granada. Los sacrificios que los vi hacer fueron de tal magnitud que, el pensar en decir a mis padres que me hubieran suspendido en alguna asignatura me horrorizaba. Sus cuatro hijos completaron estudios universitarios, dos con doctorado.
Recuerdo algunas anécdotas que siempre me impresionaron, y que describen en parte su personalidad. Cuando era joven, quizás su amor a la naturaleza lo llevó a ser parte de un grupo de amigos que iba frecuentemente al campo. Algunos cazaban jabalíes, aunque él no cazaba. Aprendió a nadar en una de esas excursiones, cuando estando al borde de un acantilado vertical de bastantes metros de altura, un compañero le dio un empujón tirándolo al agua. Dos de sus amigos que algún día serian sus cuñados, eran hijos de padre alemán, por lo que durante el curso académico iban a estudiar a Alemania. Poco después de entrar al grupo, un día ellos lo invitaron a subir caminando al monte Gurugú que está cercano a Melilla. Al no estar en la forma física de los otros, llegó el último, por lo que se propuso que eso no volvería a ocurrir. Ese invierno, mientras sus amigos estaban fuera estudiando, se levantaba entre las 3 y las 4 de la madrugada y caminaba sólo hacia el monte, regresando a tiempo de ducharse y llegar a su trabajo a las 8 de la mañana. El verano siguiente, cuando el grupo volvió a ir al monte, el subió y bajó a paso gimnástico, terminando mucho antes que los demás. Es claro que sus amigos eran de mejor clase social y económica, sin embargo, el supo adaptarse y se mantuvo en el grupo. En otra ocasión fue al estadio deportivo donde uno de sus amigos hacía atletismo, algo que él nunca había hecho. Interesado, preguntó al amigo si podía practicar un poco. Aclaro que, con 1.92 m de estatura y cuerpo atlético, no era el español típico de aquella época. Al cabo de un rato, el entrenador que había observado su habilidad innata, se le acercó y le preguntó si estaría interesado en entrenar regularmente bajo su supervisión. El aceptó y unos meses después participó en el Decatlón de los campeonatos nacionales en Madrid. Cualquiera que sepa de atletismo, reconocerá el enorme talento natural y la dedicación necesarios para poder lograr esto.
Por lo que yo oía cuando era niño, fue un excelente jugador de póker, y también compraba billetes de lotería, en la que, si bien solía sacar algunos pequeños premios, no siempre fue afortunado. En una ocasión, cuando vivíamos en Guadix, fue a comprar un décimo de lotería de Navidad. Entró en la tienda seguido de otro comprador y ya tenía en la mano un décimo de los dos que le ofrecieron, cuando el vendedor mencionó que eran los últimos que le quedaban. Al oír esto, a pesar de estar primero, él le cedió al otro comprador la oportunidad de escoger. El otro cogió el billete que él había seleccionado originalmente y que resultó ser el premio mayor. A pesar de esto, siguió siendo un caballero. Dos cualidades que heredó Sergio, pero no yo, fueron su capacidad de orientación y una gran habilidad para recordar y reconocer caras. Recuerdo en particular un día en que caminaba con él en Málaga cuando súbitamente se volvió y llamó a alguien que habíamos cruzado poco antes. Cuando después de hablar un poco se despidieron, mi padre hizo memoria y comentó que hacía mas de 40 años que no veía a este amigo. Fue mi inhabilidad en esas áreas junto a mis enormes despistes desde temprana edad, lo que siempre le preocupó de mí. Se lo oí decir una vez, pero fueron muchas las ocasiones en que me miraba preguntándose como yo era tan buen estudiante a pesar de lo que carecía, que para él era vital.
Mi padre amaba la naturaleza y creía en la importancia de estar en buena forman física. Por esta razón, desde muy temprana edad, creo que empezamos con cuatro años y medio y 6 respectivamente, mi padre nos sacaba a Sergio y a mí, todos los fines de semana al campo. Atravesábamos bosques, subíamos montañas, íbamos a un nacimiento de agua, a riachuelos… y si yo, cuando era pequeño me cansaba, me subía a “cocoleta”, sobre sus hombros, y seguíamos. Durante la semana nos levantaba temprano a hacer ejercicios básicos de gimnasia sueca, y en ocasiones nos enseñaba a boxear. Aprendimos como colocar y mover las piernas, como el giro de cintura es lo que da la potencia al golpe… nos ponía la mano abierta o se ataba una manta a la cintura para que nosotros lo golpeáramos, y él corregirnos. Cuando fuimos a estudiar internos, nuestra condición física, nos permitió a ambos representar con éxito al colegio en varios deportes.
Recuerdo como nos animaba a ser independientes, a enfrentarnos sin miedo a lo nuevo, por difícil que fuera. Teníamos 11 y 13 años cuando nos mandó solos a pasar unas vacaciones con la familia de Melilla. El viaje consistió en ir en autobús de Guadix a Granada, allí coger el tren hasta Almería, donde se suponía que nos quedáramos en una pensión, pero Sergio y yo decidimos pasar la noche durmiendo contra una pared en el puerto para ahorrarnos el dinero de la pensión, y finalmente coger el barco por la tarde para llegar a Melilla al día siguiente. El verano de 1960, con 12 y 14 años, nos animó a ir a ver los restos de un avión DC-4 americano que había caído en marzo con 24 pasajeros. El avión cayó a 3000 m de altura en el lado sur de Sierra Nevada, siendo Jerez del Marquesado la localidad más cercana. Partimos solosm en bicicleta los 18 km de Guadix a Jerez del Marquesado, allí dejamos las bicicletas para continuar a pie montaña arriba hasta llegar al avión. Al regreso una goma de mi bicicleta pinchó por lo que nos retrasamos bastante. Al llegar a casa mi madre estaba angustiada, pero él estaba tranquilo, sabía que lo haríamos. Con 10 años, practicaba el idioma francés que estudiaba, ofreciéndome de guía a turistas franceses que venían a visitar el pueblo; por supuesto a él le pareció bien. A los 12 años me envió dos días solo a Granada, una ciudad que no conocía, para que visitara a mi hermano que estaba interno. Viajé solo en autostop en distintas ocasiones. Aunque podría seguir citando actividades inusuales para niños en las que nos alentó a participar, confío que las ya mencionadas den una idea clara de cómo nos educó. La madurez que adquirimos con su “entrenamiento” debió ser fácilmente apreciada, ya que al final de mi primer año interno, me escogieron para que el curso siguiente fuera “superior” o encargado de un curso de estudiantes de escuela intermedia, lo que conllevaba una beca completa. Fui el superior mas joven en la historia del colegio. No creo que sea coincidencia que Sergio y yo ocuparamos posiciones directivas a través de los años. Siempre fui un buen estudiante, pero ahora, después de enseñar 42 años, he visto muchos estudiantes muy inteligentes que nunca terminan. Por eso sé que, además de la capacidad intelectual, la determinación y la fuerza de voluntad, son imprescindibles a la hora de triunfar. En este momento de mi vida recuerdo con claridad muchas ocasiones en que he tenido que enfrentar serias dificultades, y no tengo la menor duda de que fue la tenacidad y la confianza en nosotros mismos que mi padre sabiamente ayudó a desarrollar, lo que me ha permitido sobrevivir con éxito.
Termino esta nota dándote gracias con toda mi alma papá, por tu amor, por tus sacrificios, por tu dedicación y por tu sabiduría en darnos todo lo que nos ayudó a tener éxito en la vida. Seguiré pidiéndole al Señor, cada noche, que algún día podamos reunirnos en su presencia.
[i] EDUCACIÓN EN ORCASUR: Así era la educación en la España de los años sesenta.
Dialnet-LaDemandaDeEducacionUniversitariaEnEspana19602000-250849.pdf
Realmente expresa sus ideas con claridad y fluides. Me gusto mucho como describe la relacion con su padre, y como el oriento su vida.
Gracias Mary.
Muy bien, hermano. Estupendo. ¡Qué gran persona fue nuestro padre!
Gracias hermano, fuimos afortunados, solo siento no haberle dicho lo que el significo para mi con un fuerte abrazo.
Qué espíritu de superación el de tu padre en tiempos tan difíciles y cuánta huella ha dejado en ti! Vivimos ahora tiempos de mucha “blandenguería”, a la que todos contribuimos, con resultados que a la vista están…
Gracias querida amiga.
Dichosos los hijos que tuvieron tal padre y afortunado el padre de tales hijos. No conzco a tu hermano, más las manzanas no caen lejos del tronco del manzano.
Gracias Roberto por tus bondadosas palabras.
Querido Antonio:
Me ha emocionado mucho la historia de tu padre. Ahora puedo reconocer la gran influencia que tenía tu papá en tu formación, en tu manera de ser, y en la importancia que sigues dando a la educación. Un abrazo.
Gracias de Corazón Pat!
Don Antonio. Persona entrañable. Hombre noble. Amigo de sus amigos, de los que tengo el honor de haber sido. Carácter afable. Caballero donde los haya. Genio en su debido momento, como cuando, en algo que había preparado con cariño, le fallamos (tú y yo por estar de picos pardos en Torremolinos). ¿Qué más decir?. Solamente, y con letras mayúsculas: DON ANTONIO.
Querido Jose Ignacio: Gracias. Me alegra oir de ti. Mi padre siempre valoro tu sencillez y honestidad. Confio que en mayo, si Dios lo permite y voy a Espana, me recuerdes de aquella ocasion en Torremolinos.
Lo he leído con mucho gusto, Toni. ¡Algunas de las anécdotas que cuentas no las conocía!
Gracias por compartirlo.
Me alegra Moncho. Hay mucho de nuestro padre que admirar y respetar, Dios sabe que el nunca fue vanidoso.