Hace tiempo cuando me despedía de una persona a la que quiero y estimo, al comentar que yo me consideraba ciudadano del mundo, se rio y dijo que uno es del país que nace. Como no es la primera vez que he observado ese tipo de nacionalismo, un poco aislacionista, en personas educadas, pensé en la conveniencia de aclarar un poco el concepto, y eso es lo que intento con esta nota.
Quizás deba empezar por decir que he vivido, al menos catorce años, en cada uno de tres países distintos, investigando y enseñando, o como prefiero expresarlo: guiando a otros a aprender. También, he sido afortunado en mi profesión y he viajado a veintitantos países dando sobre 60 conferencias internacionales. Me encanta viajar, y como turista he visitado más de diez países adicionales. En mis viajes profesionales siempre traté de compartir con humildad lo mejor que pude de mis ideas y resultados de investigación, e invariablemente siempre me sentí bien recibido, tanto en la academia como cuando deambulaba como turista. En cada país disfruté todas las manifestaciones artísticas y musicales que pude, las distintas costumbres y tradiciones, la geografía que pude ver y los distintos platos culinarios, así como las frutas y productos comestibles que desconocía. Y no digamos las personas, si bien uno puede encontrar, como diríamos en Andalucía, algún “cenizo”, yo siempre he sentido que la mayoría, cuando notan que uno es extranjero, tratan de ser amables, buscan compartir y complacer. Hay tanto que uno puede aprender y disfrutar cuando viaja con mente abierta a otros países, que siempre me ha sido difícil entender la ceguera de mente y espíritu de aquellos que invariablemente se la pasan comparando con su país natal y criticando.
Tanto el viajar como las comunicaciones y videos que hoy día existen, nos ayuda a conocer otras culturas, amplía nuestra visión del mundo y nos hace sentir parte de una comunidad humana más vasta que nuestro país, ciudad o cultura. Como resultado caemos en cuenta de que no solo pertenecemos a un país, sino que también formamos parte del mundo.
Es claro que uno valora el sitio donde nace, sus costumbres y cultura, sus tradiciones, su familia, sus amigos, los sabores y olores con que crece etc., pero si todo eso nos fue dado, ¿qué derecho tenemos de criticar lo que otros recibieron? ¿Cómo esperar que otros respeten lo nuestro si nosotros no respetamos lo de ellos? ¿Y sobre todo con tanta maravilla que hay en cada país, porque buscar lo negativo?
Para mí, un ciudadano del mundo es una persona que se siente parte de una comunidad humana más amplia que su país, ciudad o cultura. Como resultado piensa que también forma parte del mundo, y actúa con responsabilidad y respeto hacia los demás, sin limitar su identidad solo a una nación.
Algunos de los ejemplos históricos y modernos más conocidos de seres que trascendieron sus fronteras y trabajaron por la humanidad, la paz y la justicia social incluyen Nelson Mandela -símbolo global de la paz, los derechos humanos y la reconciliación-, Mahatma Gandhi -líder pacifista universalmente reconocido- y Albert Einstein -científico y defensor del pacifismo y de un gobierno mundial democrático, renunció a sus nacionalidades como símbolo de su compromiso con la humanidad. Existen numerosas organizaciones como “Médicos sin Fronteras”, “El Comité de Rescate Internacional”, entre muchos otros, que ayudan a quien los necesita en distintos países. En la actualidad, en todos los países hay muchos miles de personas que de una forma u otra se preocupan por los problemas que afectan a millones de personas en distintos partes del mundo, guerras, hambre, enfermedades, dictaduras… o que nos afectan a todos como el medio ambiente, los derechos humanos, la justicia social… y que de alguna forma tratan de contribuir a su solución, con su sufragio, perteneciendo a grupos de actividad social sobre alguno de estos problemas, con pequeñas contribuciones económicas, con ideas que hacen conscientes a otros, reciclando…, y para los que creemos, con oración. Para mi todos ellos son ciudadanos del mundo.
Antonio, sería estupendo que todos los habitantes de la Tierra nos sintiéramos ciudadanos del mundo. Seguro que la mayoría de los problemas que aquejan a la Humanidad se resolverían; o, al menos, se atenuarían bastante.
He dicho todos los habitantes y quizás fuera suficiente con una buena parte de ellos.
Pero lo considero utópico. Porque haciendo lo que describes que has hecho en el segundo párrafo del artículo, es seguro que uno es y se siente ciudadano del mundo. Incluso sin hacerlo todo, sino solo parte; y de una manera más modesta, sin llegar a tanto.
Pero por desgracia, eso le está vedado a la mayor parte de la gente. No digamos a los que viven en la pobreza o bajo regímenes dictatoriales, sino también a buena parte de los demás.
También se puede sentir uno ciudadano del mundo «en espíritu», sin necesidad de hacer todo eso; pero así es mucho más difícil. Hacerlo ayuda, y mucho. 19-05-26.
Tienes razón Juan, el viajar facilita muchísimo, pero hoy día con las comunicaciones y videos del mundo, sabemos mucho más de distintos países y del deterioro global por lo que comprendemos que depende de todos nosotros salvar el planeta. También estamos “viviendo” guerras, enfermedades, abusos políticos etc. en distintos países y muchos “sentimos” la impotencia de no poder hacer más por los que sufren, creo que es esa empatía la que nos acerca a los demás.
El refranero dice que el hombre no es de donde nace sino de donde pace.
Y el que pace mucho ¿es de más?
Hermano, el artículo estupendo pero me parece un poco utópico tal y como va el mundo. Yo también he viajado un poco y he notado que los avances tecnológicos están haciendo que la gente se mire su ombligo, lo que propicia el egoísmo personal. Por supuesto que hay personas maravillosas pero esas, por desgracia, no suelen llegar al poder. Un abrazo
Gracias hermano, me dices como Juan -mas abajo- que soy un optimista, probablemente teneis razon, ojala que cambien las cosas.